Trabajo, rentas básicas y ciudadanía

Trabajo, rentas básicas y ciudadanía[1]

 

Antonio Antón Morón

 

(Investigación para el Diploma de Estudios Avanzados –DEA- por la Universidad Complutense de Madrid, mayo de 2003)

 

Introducción

 

Como marco de referencia para este trabajo de investigación he partido de una hipótesis: estamos en nueva época, con nuevas mentalidades y con nuevos retos para un pensamiento crítico y complejo, donde se deben incardinar la nueva ciudadanía social, los derechos sociales y un nuevo contrato social.

Se trata de profundizar en los cambios culturales y de mentalidad a partir de la llamada sociedad del riesgo (BECK 1998; RAMOS, 1999), teniendo en cuenta la reestructuración del trabajo y la vulnerabilidad social, y la crisis del Estado de bienestar y el deterioro de los derechos sociales, elaborando nuevos enfoques e interpretaciones.

El ámbito más explícito de esta investigación es el cambio social a partir de la sociología del trabajo, pero la orientación metodológica pretende señalar la profundidad de las transformaciones del empleo, de la sociedad del trabajo en los últimos años, comprobar las insuficiencias de las interpretaciones y teorías convencionales elaboradas desde la óptica de otra época histórica, y poner algunas bases reflexivas sobre las tendencias actuales en estos temas. En ese sentido se interroga sobre estos cambios sociales desde una sociología comparada e histórica. Pretendo, además, darle una dimensión multidisciplinar, ya que se deben abordar algunas facetas de la filosofía política y la ética, de la historia de la modernidad, de la economía y de la antropología.

En este comienzo de siglo, la situación está más cuajada de incertidumbres prácticas y teóricas y se deben plantear bien las preguntas e interrogantes, aunque no se pueda avanzar mucho en teorías acabadas o soluciones programáticas. Por tanto, tendrá sobre todo un componente crítico, apuntando varias reflexiones y algunas respuestas parciales. Ese es el sentido y el límite de esta investigación.

Estamos en un proceso prolongado de mantenimiento y reestructuración del empleo; no se llega a la desaparición del trabajo ni al pleno empleo, sino a una nueva segmentación y división social a escala mundial. En consecuencia, se producen situaciones desiguales e intereses y prioridades diferentes que exigen no una solución única para todos, sino la adecuación e interrelación de los diferentes problemas y propuestas.

Los temas centrales de esta investigación que titulo Trabajo, rentas básicas y ciudadanía, son los cambios del trabajo, su precarización y los nuevos retos para la ciudadanía, en el marco de las tendencias sociales y culturales de estas décadas, en particular en las sociedades europeas, y en relación con las diferentes corrientes de pensamiento.

Las transformaciones del empleo y su interrelación con el deterioro del Estado de Bienestar son dos aspectos fundamentales de las dinámicas sociales de este comienzo de siglo. Algunos de sus efectos básicos son la acentuación de la precariedad laboral, la segmentación social y el debilitamiento de los derechos sociales, es decir, la aparición de una situación de vulnerabilidad e incertidumbre para sectores amplios de la población y el cuestionamiento de la ciudadanía social. A este foco de inestabilidad derivado de las condiciones socioeconómicas hay que añadir la nueva conciencia sobre el ‘riesgo’ derivado de los límites y de la desconfianza en la capacidad de la técnica y la ciencia para controlar los nuevos fenómenos que impactan en la naturaleza, en la fragilidad de los equilibrios medioambientales. Por otra parte, en las dos últimas décadas se ha iniciado un fuerte debate teórico junto a la búsqueda de caminos y respuestas frente a esas tendencias socioeconómicas y culturales de la modernidad tardía.

En esta investigación pretendo exponer, resumidamente, los aspectos más importantes de estas nuevas dinámicas y discusiones, partiendo de un hilo conductor: la precarización del trabajo y su vinculación con los derechos sociales, con la ciudadanía, en el marco de la globalización. Estos dos elementos, trabajo y derechos sociales, han configurado toda una época: en sentido amplio, han sido constitutivos de la construcción de la modernidad; en un sentido más restringido, han conformado, desde los años 40 en las sociedades occidentales, las llamadas sociedades del bienestar.

El objeto de este trabajo, por tanto, es el estudio de algunos cambios sociales significativos, de su dimensión y profundidad desde la perspectiva igualitaria y participativa de la ciudadanía social (MARSHALL y BOTTOMORE, 1998), y explorando una interpretación desde un pensamiento trágico y abierto a la complejidad de la realidad social donde se suelen dar conflictos de valores (RAMOS, 1999).

Como cuestión particular a reflexionar, está la relación de todo ello con la situación de los jóvenes (CACHÓN, 2000b): su precarización y socialización laboral, su dependencia de rentas estables, su capacidad autónoma, su actitud ante el trabajo, sus valores y su cultura; es decir, cómo se están conformando la identidad de las nuevas generaciones y su actitud ante el empleo, su actividad social y la ciudadanía.

Los cambios del último cuarto de siglo han conllevado una profunda modificación del trabajo y la ciudadanía social (ALONSO 1999; OFFE 1992). El primero, el trabajo, por las importantes transformaciones del empleo, de su segmentación y distribución desigual, por la nueva precarización y los sistemas de trabajo en esta era ‘informacional’; pero también, por los cambios en el papel que cumple, en los valores y cultura asociados a él. El segundo aspecto, los derechos sociales y la ciudadanía, por ser cuestionados y sobrepasados por el aumento de las demandas sociales y la presión neoliberal.

El deterioro de la ciudadanía social no afecta sólo a un sector marginal o excluido; tiene consecuencias, principalmente, en un tercio de la sociedad, empobrecido y precarizado, y, en parte, en la mayoría del segundo tercio, con riesgos de vulnerabilidad. En el caso de la juventud, la precariedad laboral -de sus empleos y derechos- es la característica dominante, pero la cuestión es que el término de esa etapa generacional no es la integración completa en la sociedad estable del pleno empleo, aunque sea con un retraso, sino una nueva reconfiguración de esa etapa adulta y de los equilibrios generacionales. Todo ello supone el riesgo de ‘fractura social’, el debilitamiento de las bases de cohesión y de contrato social establecidas en décadas pasadas y cambios de las bases culturales y normativas del conjunto de la sociedad. En consecuencia, siendo temas viejos exigen una profundización, para analizar su función en este comienzo de siglo y poder avanzar en una nueva readecuación y fundamentación.

Por otra parte, es imprescindible avanzar elementos de reflexión sobre unas nuevas propuestas de afirmación de la ciudadanía (PÉREZ LEDESMA, 2000; GARCÍA Y LUKES, 1999), de los derechos humanos y de los mecanismos de integración social, es decir, sobre la cultura universalista de los derechos y cómo enlazan con la conciencia y con la nueva estructuración social, con los cambios culturales y de mentalidad de las generaciones jóvenes. Así, es conveniente desarrollar una valoración crítica del pensamiento liberal con respecto a la ciudadanía social, y explicar la relación entre la segmentación y la desigualdad social con la universalidad de los derechos sociales y los problemas de la sociabilidad.

Con relación a estos dos bloques temáticos, hay que señalar las diferentes corrientes culturales y elaboraciones teóricas sobre las que hay que hacer una revisión crítica; por una parte la corriente liberal y por otra la corriente bienestarista (BILBAO, 1999; GIDDENS, 1993). Señalo dos aspectos ya clásicos aunque complejos cuya justificación está anclada en estas corrientes pero que considero necesario el avance hacia un pensamiento más crítico para poder responder mejor a las nuevas demandas sociales: la adecuación del derecho al trabajo y la defensa del derecho universal a unas condiciones de vida digna, a unos bienes y unas rentas suficientes para vivir, es decir, al debate sobre las rentas básicas y su carácter.

Con respecto al primero, habrá que revisar el objetivo y el soporte doctrinal del ‘pleno empleo’, de un empleo estable y con plenos derechos para quien ‘voluntariamente’ lo desee y, por otra parte, será conveniente una renovación cultural para la revalorización de la actividad pública y el trabajo extra-mercantil.

Pero para concretar la vigencia de estas propuestas y sus nuevas funciones se deben tener en cuenta los nuevos fenómenos de este fin de siglo que solamente apunto como elementos complementarios de la investigación: la crisis del empleo y de esta sociedad salarial, las propuestas de reparto del empleo y de todo el trabajo, la generalización de la precariedad y el paro, los valores de las nuevas generaciones jóvenes, la importancia de la actividad social y los vínculos derivados fuera del trabajo mercantil (JEREZ, 1997), de las nuevas identidades sociales fuera del ámbito del trabajo asalariado. Igualmente, se deberán evaluar e incorporar las críticas a la cultura del trabajo (DEL RÍO, 1999) y a las desigualdades de esta sociedad globalizada, los riesgos de los rellenos de cultura consumista e individualista a los vacíos que deja la disminución del papel del empleo (ESTEBAN, 2000) y prevenir las nuevas subordinaciones sociales fuera de la esfera productiva.

Con relación al segundo bloque sobre los derechos sociales y las rentas básicas, han aparecido nuevas propuestas para fortalecer la ciudadanía con una reformulación de algunos derechos humanos básicos: la garantía de que todas las personas tengan una renta y unos bienes suficientes para vivir dignamente; todo ello en el marco de la exigencia de la consolidación de los derechos sociales y la sociedad de bienestar contra el predominio del ‘mercado’.

En definitiva, se trataría de avanzar en las bases de la justificación de una nueva ciudadanía, en garantizar y ampliar los derechos sociales y la plena ciudadana social con una perspectiva igualitaria. En particular me detendré en el carácter de las rentas básicas, sobre los puntos débiles del modelo de Van Parijs (VAN PARIJS, 1999), fundador e inspirador de la Red europea de la Renta Básica, basado en la libertad y que deja en un segundo plano subordinado los criterios de igualdad y solidaridad. Ello supone entrar en la valoración de las características de la universalidad e incondicionalidad de los derechos sociales, como derechos subjetivos y garantías y, por otro lado, en la especificidad de su concreción de acuerdo a las necesidades sociales en una sociedad segmentada. Pero aquí habrá que detenerse en algunas formulaciones y debates de la filosofía política, en particular en las diversas variantes liberales y republicanas. Por último habrá de sacar algunas conclusiones tanto en el plano teórico como programático, a partir de una mirada trágica de los retos de este comienzo de siglo.

 


 

[1] Este texto corresponde a la Introducción  de esta investigación de Sociología del Mercado de trabajo, titulada Trabajo, rentas básicas y ciudadanía (187 pp.),  realizada dentro del Programa de Doctorado "Dinámicas sociales en la sociedad contemporánea" del Departamento de Sociología I (Cambio Social) de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Tiene dos partes: la primera se titula “Precariedad y transformaciones del empleo” y una primera versión se encuentra en un capítulo del libro Trabajo, derechos sociales y globalización; la segunda parte, titulada “Rentas básicas y nuevo contrato social”, se ha publicado, prácticamente, en el libro del mismo título. En ellos se pueden encontrar las referencias bibliográficas.