La crisis del Estado de bienestar: algunos debates

LA CRISIS DEL ESTADO DE BIENESTAR: ALGUNOS DEBATES

Antonio Antón

Madrid, febrero de 1994       

 

A) LAS CONDICIONES DEL ESTADO DE BIENESTAR

           

            El Estado de bienestar se va construyendo desde la 2ª guerra mundial, especialmente en la Europa más desarrollada. Durante los años 50 y 60 se dan unas condiciones de sostenido crecimiento económico, con relativo pleno empleo, con ampliación y generalización de prestaciones sociales (pensiones, subsidios, sanidad, enseñanza...). Hay una base social de clase obrera relativamente estable, una presión y prestigio de la izquierda (sindical, política y electoral)

y la pugna con los países del Este. Todo ello favorece el consenso social y la institucionalización del conflicto, la confianza en la democracia política.

 

             Ya a primeros de siglo con el fordismo y taylorismo, se plantea una nueva forma de organización del trabajo, con un nuevo esquema de acumulación de capital y de consumo masivo. Con la gran crisis de 1929/30 Keynes, plantea los límites del capitalismo liberal: Ante la crisis económica, son insuficientes los mecanismos del propio mercado (de los diferentes capitalistas privados en competencia), y se plantea la necesidad de una mayor intervención estatal en la regulación de la economía promoviendo una política basada en la demanda de bienes, y corrigiendo los excesos del capitalismo salvaje. El alto grado de productividad alcanzado, el avance tecnológico industrial, la utilización masiva y barata de materias primas y recursos naturales, y la explotación y dependencia del Tercer Mundo, permite un gran aumento de los beneficios y un aumento de los salarios reales y el bienestar social en los países capitalistas más desarrollados. Así se atenúan las presiones obreras y aumenta la legitimidad del sistema.

 

            Tenemos, ya las tres condiciones básicas sobre las que se ha asentado el Estado de Bienestar: Una presión social de la izquierda con una base social amplia y estable, unos intereses de los sectores más dinámicos del propio capitalismo, y en tercer lugar un proceso de crecimiento económico compatible con una generalización de la protección social.

 

            Una primera discusión se da sobre la importancia y relación de cada una de estas tres condiciones. Al decir, por ejemplo, que el Estado de bienestar es sobretodo fruto de las luchas obreras, una conquista social (Gaceta sindical), se puede embellecer lo que tenemos, o bien, ante el debilitamiento actual de la izquierda, a augurar su desmantelamiento. Al forzar el argumento de que el Estado de bienestar es sobre todo necesario para el capital, y más con la progresiva concentración monopolista, se confía en su mantenimiento y se infravalora el alcance de la crisis y del recorte del bienestar social. Por otra parte, se puede intentar reproducir el mismo esquema de crecimiento y las políticas económicas pasadas ignorando la profundidad de la crisis económica y sus repercusiones sociales.

 

B) EL ALCANCE DE LA CRISIS DEL ESTADO DE BIENESTAR.

 

            Tras la crisis económica de mediados de los 70, se inicia un fuerte ataque contra el Estado de bienestar. Esta crisis económica es debida a los límites del aumento de la productividad, planteándose el capital cambiar la correlación de fuerzas sociales, incrementar la flexibilidad económica (descentralización productiva, nuevas tecnologías, etc.) y laboral (segmentación, reforma mercado trabajo, etc.). Se trata de aumentar la competitividad, con un aumento de los beneficios empresariales, y una transferencia de rentas hacia el capital. Para ello hay que disminuir el déficit público y en consecuencia las prestaciones sociales. La otra cara de la moneda es la desprotección social y empobrecimiento de amplias capas sociales, la desvertebración y división y exclusión social, la tendencia hacia la individualización e insolidaridad.

 

            En los primeros años 80 con los pioneros Reagan y Thacher se lanza una gran ofensiva contra los fundamentos del Estado de bienestar. En los noventa y con el derrumbe del Este se va generalizando en Europa. En un principio, fundamentalmente, es una ofensiva ideológica y cultural. Se pone en boga el discurso neoliberal: Contra el intervencionismo del estado, autonomía de la economía. Las propias leyes del mercado (la mano invisible) regulan todo. La competitividad económica es lo principal, lo demás (salarios, protección social) subordinado, por tanto, el estado de bienestar (el intervencionismo social y político) sobra al no adecuarse a las nuevas necesidades económicas.

Al núcleo central de este discurso neoliberal, a veces se le añaden algunos matices (Fernandez Marugan, Sartorius). Aceptando la subordinación a la competitividad, se plantea la conveniencia de hacerlo con mayor consenso social e intentando integrar a las cúpulas sindicales.

           

            Otro aspecto diferente es el ritmo de concreción y envergadura de la reducción del Estado de bienestar. Antes en el Reino Unido y en los noventa en el resto de Europa se han ido ampliando los recortes, pero todavía no hay un proceso de desmantelamiento total y masivo. Se van transformando las condiciones básicas (crisis económica, desvertebración social, ofensiva ideológica, debilitamiento de la presión social), hay proyectos, tanteos y medidas concretas, pero todavía es difícil prever el alcance y generalización del desmantelamiento del Estado de Bienestar.

 

            Por tanto, ya tenemos algunas discusiones. Por un lado, la caracterización y crítica del discurso ideológico neo-liberal (Andrés Bilbao, Julio Rodríguez). Y por otro el alcance y características de la crisis fiscal (O'Connor) y de la reducción de la protección social (González i Calvet, Gaceta sindical, Luis I. López). En definitiva, en qué medida, hasta ahora, ha sido sobre todo una crisis ideológica, y que otros factores pueden frenar el desmantelamiento del Estado de bienestar. Aquí aparecen diferentes énfasis: Las presiones de nuevas fuerzas y movimientos sociales que forzarían un nuevo consenso y legitimación (Offe, Habermas), la recomposición basada en la vieja izquierda, con las tradicionales bases sociales y doctrinas más o menos renovadas (Serrano, Serra), las eficacia y necesidades del capitalismo de "rostro humano", (Albert).

 

C) CAPITALISMO DE ROSTRO HUMANO CONTRA CAPITALISMO SALVAJE

 

            Los análisis de M. Albert son muy lúcidos y sugerentes en múltiples aspectos. La idea central, tras el debilitamiento de la izquierda y la caída del Muro, es la polarización de la lucha entre el capitalismo de rostro humano con el estado de bienestar, contra el capitalismo salvaje con el estado mínimo liberal. Por un lado estaría Alemania (por eso se llama también capitalismo "renano"), y países como Holanda, Austria, y en cierta medida Francia y con otras especificidades Japón. Por otro, el capitalismo "anglosajón" de EEUU y Reino Unido (aunque éste conserva todavía mucho de la época laborista).

 

             Para Albert las sociedades "renanas" son muchos más igualitarias e integradoras. Hay una mayor estabilidad social, consenso y legitimación por el alto nivel de protección social, compatible con el crecimiento económico y el aumento de la productividad y competitividad. En conclusión, este capitalismo con estado de bienestar es más eficaz económicamente a corto y largo plazo. Está basado en el capitalismo industrial y no el financiero-especulativo, y ha estado condicionado por la socialdemocracia y el keynesianismo. Se pone el acento en su eficacia y racionalidad (Weber), con abundante demostración empírica frente al capitalismo liberal y despilfarrador, planteando la paradoja de su pérdida de credibilidad y menor capacidad política. En la pugna mundial por la hegemonía, últimamente, Alemania y Japón van perdiendo la batalla, sobre todo en el terreno ideológico, y el ámbito financiero-especulativo que refuerza la cultura del éxito a corto plazo y a cualquier precio.

 

            El mantenimiento del estado de bienestar, no se podría sostener sobre la presión social o el consenso social y su mayor legitimación, sino sobre la esperanza del fortalecimiento del capitalismo de rostro humano, siendo los otros aspectos necesarios pero secundarios. Las conclusiones e interrogantes son evidentes. El objetivo es fortalecer el núcleo duro de la Unión europea, forjando una identidad europea más social. Defender la eficacia de las multinacionales industriales, frente a la especulación a corto plazo. Para defender el nivel de protección e integración social, la gente trabajadora, con una visión eurocéntrica, debería apoyar a este capitalismo favoreciendo su competitividad, y defendiendo su mayor racionalidad económica. En todo caso ajustar algo el Estado y sus excesos, y favorecer la corresponsabilidad sindical y la democracia industrial. Como se ve, es la apuesta del eurosocialismo y la nueva élite japonesa de centroizquierda.

 

 

 

            D) LA REFORMABILIDAD DEL ESTADO DE BIENESTAR

 

            Claus Offe plantea una serie de ideas interesantes. La crisis del Estado de Bienestar está asociada a la crisis de la vieja alianza del capital monopolista (fordista) con la clase obrera industrial (izquierda y sindicatos). Estamos, sobre todo en Alemania, con un ascenso social de los movimientos verdes, con cierta renovación de la socialdemocracia y con un capitalismo alemán bien situado en la división internacional de trabajo. Offe avanza sobre la necesidad de reforma y democratización del Estado con la presión del conjunto de los movimientos sociales. Cogen protagonismo los nuevos (basados en la clase media y en los sectores marginados) y forjando una alianza con los sectores de la clase obrera industrial y sus representantes sindicales. Así se fuerza una mayor descentralización del aparato estatal y una mayor participación ciudadana. Es la base para un nuevo consenso y una mayor legitimación. Su representación política, con unos movimientos sociales fuertes, sería la convergencia de verdes y una socialdemocracia renovada.

 

            Con una visión eurocéntrica, infravalora el grado de opresión al tercer mundo que ejerce este capitalismo supuestamente avanzado. Quizá sobrevalora la fuerza y potencialidades de los nuevos sujetos y alianzas sociales, al mismo tiempo que las necesidades de consenso y legitimación derivados de esta presión social. Por otra parte está la problemática de las tendencias hacia la institucionalización de gran parte de estos movimientos (con el fortalecimiento de la democracia política y la reproducción estatal) y por tanto su debilitamiento como polo autónomo, o bien las mutuas vinculaciones y funciones entre la periferia del estado asistencial y las organizaciones sociales más o menos autónomas.

           

            En estos planteamientos hay una variante ( en parte en el propio Offe y desde posiciones neo-kantianas en la socialdemocracia y a veces de sectores cristianos), que en este marco de reforma del Estado, se basan más en una motivación ética. Viendo los efectos de desigualdad y pobreza, se trataría de corregirlos. Salvando la competitividad del sistema de desarrollaría un compromiso moral contra tanta injusticia social.

 

            Citar el viejo discurso eurocomunista (y de la vieja socialdemocracia) de la alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura, avanzando por la democracia parlamentaria, y con el apoyo de la presión social ir forzando la democratización y el papel público del Estado. Cada vez queda más debilitado, junto a su variante más radical de impulsar mayor movilización obrera (partido-sindicatos), con parecido esquema general.

 

E) LAS PERSPECTIVAS DEL ESTADO DE BIENESTAR Y LA INVESTIGACION SOCIAL.

 

            Para valorar la situación concreta, y especialmente para ver sus tendencias, es preciso siempre un análisis empírico. Huir de las grandes formulaciones de alianzas, leyes y tendencias necesarias. Como dice T.Skopol, es preciso un gran proceso de investigación social. A veces se cae en una caracterización abstracta como representación de un capital colectivo, sin ver que múltiples medidas se forjan según la presión de los diferentes lobbys, coyunturas sociales, relaciones de fuerzas, etc. Varios elementos hay que tener en cuenta.

 

            Al hablar de estado de bienestar, se tiende a ver esta faceta del estado. No hay que olvidar que también tiene unas funciones de coacción y agresión tanto interior como en el plano político-militar internacional y de garantía de opresión a los países más pobres. También hemos citado las tendencias eurocéntricas, así como el carácter despilfarrador y destructivo de la naturaleza. Por fin, las dinámicas e intereses de la propia burocracia estatal y funcionarial. Igualmente, la presencia y conflictos nacionales y las desigualdades territoriales que influyen en la configuración política y social de los Estados. Igualmente, los condicionamientos diferentes según sexo o edad. Otro aspecto, es contemplar los diferentes ritmos del discurso ideológico, las contrarreformas concretas y sobre todo los efectos sociales y la conformación de una conciencia y agrupación popular. El estado de bienestar no ha sido de bienestar igual para todo el mundo y en los diferentes países. Las medidas de recorte tampoco afectan por igual. Incluso la misma medida puede afectar en diferente manera a cada persona, y cada persona o sector social pasar por diferentes fases a lo largo de su vida. En el caso particular del estado español que sólo ha llegado a mitad camino, por su papel periférico en el primer mundo y la gravedad de su crisis económica, las repercusiones, desigualdades, empobrecimiento y malestar se acentúan.

 

            Hay autores, que se plantean las probabilidades de una especie de Estado mixto, con unas funciones de bienestar (público y privado) para sectores más acomodados, una red de asistencia social mínima para sectores intermedios, y unas funciones de contención y represión a otros sectores con exclusión social (reforzada con el racismo). Se aspira a una estabilidad y consenso social con una parte de la sociedad (las clases medias y aristocracia obrera en ascenso) junto a sus representaciones institucionales (partidos y aparatos sindicales). Luego queda una amplia franja con tendencias y expectativas de descenso económico, pero con un mínimo Estado asistencial (sanidad, enseñanza, subsidios y pensiones mínimas, y con vivienda, empleo, salarios o situación familiar algo precarios). Por último el sector más empobrecido y con dificultades, incluso para las prestaciones sociales. Si es verdad, que los pobres son cada vez más pobres y los ricos más ricos, hay que analizar concretamente la evolución de los diferentes segmentos sociales, su mejora relativa y tendencias acomodaticias o el empeoramiento relativo y la amplitud del malestar que empieza a ser mayoritario en la sociedad.

 

            F) UN BAGAJE CRITICO Y UN IMPULSO MORAL

 

            Es interesante el estudio de estas características y tendencias del estado de bienestar, para tener en cuenta las condiciones y medidas de reforzamiento o debilitamiento de esta sociedad capitalista y armarnos de mayores recursos teóricos, de argumentación y prácticos. Desde esta perspectiva, no es malo recordar nuestra visión profundamente radical contra esta sociedad y estado capitalista, aunque suavice algunas desigualdades. Igualmente, nuestra posición de fondo más antiestatal, y de fortalecimiento de la participación y articulación de la propia sociedad y de sus organizaciones populares frente a la tendencia a la concentración del poder político. Nuestro distanciamiento a las tendencias estatalistas de la tradición marxista, y también del embellecimiento del estado de bienestar más o menos reformado.

 

            Pero sobre todo está nuestro rechazo moral a tanta injusticia, desigualdad, exclusión social y sufrimiento

padecen amplias capas sociales, y cada vez más. Reafirmar los valores morales, poner en primer plano las exigencias sociales y las necesidades de las personas concretas, frente a la subordinación (a la competitividad, la racionalidad económica, aunque sea coyunturalmente para mañana esperar el reparto de la tarta). Defender los derechos a los bienes sociales y económicos básicos de carácter universal. Generar una mayor articulación social con una práctica solidaria. Ser respetuosos con la naturaleza, y llevar un estilo de vida no consumista. En definitiva, fortalecer una dinámica comunitarista y denunciar estas lacras sociales. Combinar la utilización y la exigencia de reivindicaciones concretas hacia las instituciones con la denuncia y el desarrollo del apoyo mutuo. Y en perspectiva, no necesitamos tanto un modelo de Estado o una alternativa de política económica y social, sino una preocupación por ver los síntomas de mayor o menos crisis social, aportando los objetivos, ideas y dinámicas del enfrentamiento social, y de construcción de la sociabilidad.