Análisis del discurso

Análisis del discurso

(Comentario al libro Michael Stubbs)

 

Antonio Antón

 

 

          (Investigación de Técnicas Avanzadas de Investigación Social, Facultad de Sociología – UNED, diciembre de 2.000)

 

 

 

I. INTRODUCCIÓN. EL ANÁLISIS DEL DISCURSO.

 

Este libro, Análisis del discurso que lleva como subtítulo Análisis  sociolingüístico del lenguaje natural está escrito desde una perspectiva fundamentalmente lingüística, aunque incluye elementos de antropología y sociología y se basa en los datos de la conversación de la vida real. Es uno de los primeros intentos de dar coherencia teórica a este análisis del discurso vinculado al análisis de la sociedad, a comprender los procesos sociales desde un punto de vista lingüístico y, al mismo tiempo, a la comprensión de los usos del lenguaje. En la segunda parte de este comentario hago una síntesis y valoración de Una mirada cualitativa en sociología, como punto de interrelación entre este texto y el contenido general de la asignatura, en cuanto al papel de las técnicas cualitativas de investigación.

Es preciso aludir en primer lugar, en esta introducción, el punto de partida de la lingüística general de F. Saussure, en particular, de la naturaleza del signo lingüístico y la importancia de la distinción entre signo, significado y significante. Hay que considerar que el signo lingüístico une no una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica. Esta última no es el sonido material, cosa puramente física, sino la psíquica de ese sonido, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos. El signo lingüístico es por tanto una entidad psíquica con esos dos elementos: el concepto y la imagen acústica.

Este libro de Stubbs se puede dividir en varias partes. La primera es una introducción general. En ella se define el término de análisis del discurso como análisis lingüístico del discurso, hablado o escrito, que se produce de forma natural y es coherente. Su importancia  viene de la comprensión de que el  lenguaje, la acción y el conocimiento son inseparables. La situación y el lenguaje no se pueden separar. El sentido común nos dice que el análisis del discurso es difícil, ya que el lenguaje como acción puede desempeñar una gran diversidad de funciones. Por otra parte, el uso lingüístico está enraizado en la cultura, la relación entre lenguaje y sociedad se hace fundamentalmente por la interacción verbal. La visión general de la cultura es la de sistemas de significados entrelazados, partiendo de la idea de que siempre se estará comunicando.

 

II. TRES ENFOQUES DEL ANÁLISIS DEL DISCURSO.

 

La segunda parte lo constituyen, los capítulos  2, 3 y 4 donde se presentan tres enfoques distintos del análisis del discurso, tanto hablado como escrito. En ellos se plantean, en conjunto, muchos de los problemas descriptivos y teóricos con los que se enfrenta el análisis del discurso, con gran cantidad de ejemplos detallados. El capítulo 2 parte de un análisis de unos datos de conversación transcritos. El capítulo 3 se centra en el uso del lenguaje en una situación concreta; y el capítulo 4 trata más directamente  de algunas limitaciones de la descripción lingüística del lenguaje que se circunscribe a la semántica y sintaxis de las frases.

En esta parte, el autor, demuestra que el discurso hablado se puede analizar, aunque no lo ha realizado de forma sistemática. También expone la necesidad de superar la descripción lingüística tradicional porque desprecia aspectos importantes de la competencia lingüística, al no llevar a cabo un análisis en profundidad del lenguaje de conversación que se produce naturalmente. Por último, hace una crítica a las gramáticas de oración por no tener en cuenta el encadenamiento sintagmático de oraciones y frases en intercambios o secuencias mayores. Así, sostiene que el encadenamiento de unidades lingüísticas en una oración o en un plano superior requiere que esas unidades se clasifiquen como actos de habla. El discurso es una categoría por encima de la frase, es un nivel de análisis lingüístico superior al de la sintaxis.

 

III. ESTRUCTURA DEL INTERCAMBIO.

 

La tercera parte del libro está constituida por los capítulos 5, 6 y 7 que son bastante abstractos. Empieza por el enfoque lingüístico del discurso. Trata de modo directo de la naturaleza del modelo descriptivo que se puede aplicar al discurso, contrastando la validez de los conceptos desarrollados hasta ahora. Si la parte anterior supone una descripción de los detalles del lenguaje, en esta parte se los combina con los conceptos descriptivos, según la especificidad de la definición del análisis del discurso que defiende este autor.

En estos capítulos se detallan las características de la conversación con su alta variedad; sin embargo, se plantea la aplicación del concepto de buena construcción teniendo sentido la afirmación de que el discurso está estructurado, superando un análisis exclusivo sobre su estructura fonológica y sintáctica, sobre su estructura específicamente lingüística. Así, prosigue el examen sobre la distribución de las oraciones completas de frases que se relacionan entre sí, las formas de distribución de las proposiciones en más de una intervención y, por tanto, en más de una unidad sintáctica, y la forma en que los estados de conocimiento de los hablantes influyen en dichas distribuciones.

Un aspecto fundamental de esta parte es el análisis de la estructura del intercambio de conversación. Sin embargo, el concepto de intercambio no tiene una aplicación tan evidente a la conversación social entre iguales, en la que la mayor parte del discurso tiene una función social más que de transmisión de información, como sucede en la interacción más jerárquica, por ejemplo, en la relación alumno-profesor o paciente-médico.

 

IV. COHESIÓN SUPERFICIAL Y COHERENCIA SUBYACENTE.

 

La cuarta parte la constituyen los capítulos 8, 9 y 10 que tratan de un problema fundamental en el análisis del lenguaje natural: la profundidad del sentido indirecto de muchas emisiones. Los teóricos del acto del habla le han prestado mucha atención, lo cual permite también tratar algunos aspectos de la teoría del acto de habla y de su relación con el análisis del discurso. Es decir, ¿hasta qué punto se puede observar el análisis del discurso en las características superficiales de los textos?. La solución nos la plantea a través de un análisis riguroso de un texto corto pero completo donde discute cómo puede contribuir el concepto de sentido indirecto a su interpretación.

Esta parte trata de la cohesión superficial y la coherencia subyacente. Creo que es la más significativa y me voy a extender un poco más. Considera el autor que es poco probable que la relación entre las formas y las acciones lingüísticas como los desafíos o las retiradas, se pueda definir en su totalidad. La interpretación de esos actos suele depender del conocimiento idiosincrásico y social, por lo que no se puede formalizar, aunque se puedan formular reglas interpretativas variables. Intenta demostrar que la coherencia del discurso, a veces depende de actos en este nivel de abstracción.

La conclusión no es que el análisis del discurso no sea susceptible de un estudio sistemático, sino que la conclusión correcta es que ningún nivel de análisis por separado puede decir todo lo que hay que decir sobre la conversación, a no ser que se trate de casos rutinarios como una transacción habitual entre desconocidos en una tienda. A este tipo de interacción, en la que no se pone en juego nada importante desde un punto de vista personal o social, se le ha dado una importancia excesiva en la literatura. No podemos aprender todo sobre una cosa pero es posible estudiar con exactitud la ambigüedad y el sentido indirecto que son fundamentales en toda interacción social importante.

Por otra parte, es importante estudiar la forma en que los hablantes señalan la organización y la fuerza ilocutiva de sus emisiones de modo manifiesto, ya que gran parte de la teoría de los actos de habla ha descuidado este aspecto del discurso, porque se ha basado en datos inventados e idealizados. Además un estudio de estas señales manifiestas de la organización del discurso es una vía explícita y precisa para estudiar temas de gran interés sociológico, como la forma en que el discurso demuestra alineamientos entre los hablantes y la forma en que se señala la relación social mediante indicadores de atenuación.

En esta parte del libro se sostiene que la competencia literaria supone la capacidad de comprender distintos tipos de relación semántica: entre un texto y su resumen, entre resúmenes diferentes, entre frases y las distintas clases de proposiciones que expresan, y entre lo que se dice y lo que se expresa. Estas distinciones dan una idea más precisa de ciertos aspectos de la ficción literaria, puesto que uno de los intereses tradicionales de la crítica literaria es la ambigüedad y el significado múltiple del texto, y la forma de transmitir los diversos significados sin tener que expresarlos textualmente. También nos dan una idea de las convenciones que conlleva la interpretación de textos de ficción y de lo que los diferencia de los informes objetivos.

Aquí debo hacer alusión a otro libro significativo con el mismo título de Análisis del discurso, pero con otro subtítulo Hacia una semiótica de la interacción textual.  Está escrito quince años más tarde que el anterior y plantea la necesidad de pasar a la semiótica, a desarrollar un análisis de los sistemas de significación, a centrarse en los textos literarios, con una práctica multidisciplinaria y una perspectiva renovadora. En este libro, los autores toman el texto como un sistema de inserción tanto para acciones verbales como no verbales, sin excluir los textos de apariencia no interaccional como las novelas y relatos, donde no sólo interactúan los personajes de los que el texto habla, sino también aquellos que hablan del texto. Así el texto constituye un entramado estratégico de acciones a través de las que los sujetos emergen, se definen y se modifican mutuamente.

Este segundo libro se sitúa a favor de una teoría del discurso entre varias perspectivas incorporando las hipótesis que propugnan la naturaleza dialógica del lenguaje y las que hallan en la función de enunciación el fundamento de las prácticas discursivas. Otro aspecto significativo es la relación entre lenguaje y acción. Así considera que la interacción social no debe entenderse como un hecho puramente externo al lenguaje, de tal modo que la explicación de las relaciones entre discurso y sociedad opere exclusivamente sobre correlaciones entre datos de ambos dominios. El lenguaje inscribe en su propia naturaleza las coordenadas del mundo intersubjetivo; orienta, regula y transforma los modos de correspondencia entre los sujetos, además de servir a la objetivación de las distintas experiencias de la realidad y a la creación y actualización de mundos. El lenguaje produce relaciones intersubjetivas, y es al mismo tiempo su producto.

Termina reconociendo que junto a la semiótica de la acción y la manipulación se vislumbra un desarrollo fructífero de la semiótica de las pasiones, por la que apuesta, ya que los efectos de sentido producidos por las acciones textuales deben incluir elementos pasionales. Esta perspectiva abierta por la semiótica de las pasiones es más comprensiva respecto al carácter dual del texto, espacio de persuasión o manipulación, de provocación, fascinación y seducción para sujetos contrapuestos. 

 

V. METODOLOGÍA.

 

Este último capítulo del libro de Stubbs trata de los problemas prácticos y teóricos de la recogida de datos para el análisis del discurso. En él se destacan las dificultades y los problemas prácticos concretos de encontrar patrones metodológicos en un escenario social cambiante. Pero tales problemas prácticos implican problemas teóricos, especialmente cuando el tema de investigación es cómo interpretan las personas la conducta social.

Normalmente los trabajos de ciencias sociales y, en particular, los artículos de sociolingüística no suelen dejar ver los problemas metodológicos de sus autores. Se suelen presentar formalmente bien ordenados, pero esconden los aspectos desordenados de la investigación, cuestiones que entran de lleno en la siguiente sección.

 

VI. UNA MIRADA CUALITATIVA EN SOCIOLOGÍA.

 

Para clarificar aún más el análisis de los discursos, es pertinente aquí hacer una mención al libro de L.E. Alonso, La mirada cualitativa en Sociología. Este interesante libro trata del papel de la interpretación a partir de las técnicas cualitativas de investigación, en particular de los grupos de discusión y entrevistas participantes. Considera necesaria hacer una reflexión más allá del método, como mirada, visión o enfoque para definir un estilo en el acceso al estudio de la realidad social. En esta visión hay una intención estratégica, es una determinación de los fines del conocimiento en función del contexto. El sentido está así referido a la búsqueda de finalidad de un sistema. Hay que encajar la visión en todo proceso de conocimiento, y resaltar el lugar del sujeto, poniéndolo en el origen de la creación de sentido de toda observación, constituyéndose en la base de la interpretación donde luego se encaja la información objetivada.

Se trata de encarnar al sujeto en un cuerpo social, en el que es una intersección de relaciones, un encuentro entre lo social y lo individual, entre la intersubjetividad y la subjetividad, una forma relacional en la que se manifiesta la coexistencia. En este sentido el concepto de visión como mirada social supone la apertura al sujeto y a los actores en un proceso reflexivo de producción mutua.

La conciencia humana es un todo relacional capaz de encontrar las propiedades emergentes como síntesis de la diversidad. Esta conciencia práctica nos indica que el sujeto de análisis introduce en el objeto el principio de su propia relación con ese objeto. La visión cualitativa tiende así, primero, a dar cuenta del horizonte de las formas simbólicas en donde se desenvuelven las acciones sociales, formas simbólicas que toman apariencia codificada, es decir son lenguajes, pero de cuyo estudio nos interesa no su gramática o estructura interna, sino su carácter comunicativo de mediador y formador de las experiencias y de las necesidades sociales; y, segundo, a examinar las producciones significativas de los propios sujetos generadas y construidas por los actores.

Por tanto, la semántica del discurso envuelve y determina a la semiótica del signo; tomando el hecho mismo de comprender el carácter de una narración que sitúa al sujeto en un tiempo, y relacionándolo con el pasado y el futuro. Lo que interesa es, pues, la práxis intersubjetiva de los actores y no el sistema de la lengua como sistema abstracto; el habla concreta cobra sentido sólo cuando se refiere a un contexto y a un juego de acontecimientos que regulan la polisemia de los símbolos y los articulan con las acciones situadas. El discurso es, por tanto, algo más que una actualización o concreción de un sistema de signos: es una representación de la realidad realizada por su sujeto social.

La representación social es un sistema de valores, ideas y prácticas que cumplen una doble función. Primero, establece un orden que permite a los individuos orientarse en su mundo social y aprehenderlo; y, segundo, facilita la comunicación entre los medios de una comunidad, proporcionándoles los códigos para nombrar y clasificar los diversos aspectos de su mundo, así como su historia individual y grupal. La representación social es tanto un contenido como un proceso que induce formas de conocer al grupo, lo que significa también que, a su vez, lo construye y lo limita. En ese sentido, la representación social es un hecho fundamental en la cognición de los grupos sociales, pues otorga procedimientos interpretativos según los cuales los actores tienen esquemas para realizar sus acciones.

La orientación cualitativa, en sociología, busca siempre situarse en el campo de las relaciones cotidianas, ya sea a partir de los productos textuales, ya sea reconstruyendo la dinámica interpersonal de acciones y comunicaciones que crean y recrean la realidad social.

La intencionalidad limitada de los actores, es lo que permite hablar de sentido en los movimientos de lo social, y que el sentido, como búsqueda consciente o preconsciente por parte de los sujetos de efectos en sus acciones fácticas y/o simbólicas, desborda la significación como representación limitada en su sistema lingüístico.

La tarea de la investigación es, por tanto, descubrir la naturaleza del mundo social a través de la comprensión de cómo la gente actúa y da sentido a sus propias realizaciones vitales. El investigador no puede poner al margen su sentido social común como forma de conocimiento de las estructuras sociales.

Por otra parte, la investigación social cualitativa se instala en el lenguaje, pero no sólo en su dimensión indicativa, sino en su función creativa de irradiación de sentidos; sentidos que son sociales y que únicamente toman valores efectivos en situaciones concretas. Así la visión cualitativa en las ciencias sociales es siempre una agenda de temáticas emergentes y de estrategias recurrentes ligadas al sujeto investigador y al contexto de la investigación. La interpretación sería un proceso de captación de productos discursivos reales para tratar de determinar, en ellos, el sentido real de la acción de los sujetos como sujetos sociales. Esta sociohermenéutica no buscaría tanto reconstruir el sentido auténtico y último que otorga un sujeto sublimado a sus enunciados simbólicos, sino los efectos reales que los discursos producen. Así comprender no es la relación de un sujeto con un objeto dado, sino el acontecer de una acción histórica.

Como indica Giddens, los teóricos sociales deben realizar interpretaciones con sentido de acciones que tienen sentido, pero éstas, a su vez, modifican, en diferentes planos, la comprensión que los actores sociales tienen de su realidad social. En el caso de CH. Taylor su estilo de hermenéutica trata de eliminar cualquier inflación de subjetivismo individualista, manejando la idea de que todo sentido es interpretable poniendo en relación los significados comunes que involucra en la colectividad.

En definitiva, la interpretación hermenéutica tiende a la captación de los sentidos profundos de los procesos de interacción social. Lo social, en suma, es inseparable de lo simbólico, del universo preconsciente de significados compartidos. La sociohermenéutica es una acción comunicativa en la que se pone en juego la intersubjetividad, mediante prácticas que permitan el diálogo y la interacción; trabajando los significados culturales y creando un lenguaje común a los actores sociales involucrados en su situación concreta.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

 

 

•    ANALISIS DEL DISCURSO. Análisis sociolingüístico del lenguaje natural. MICHAEL STUBBS (1983),  Ed. Alianza, 1987.

 

•    ANÁLISIS DEL DISCURSO. Hacia una semiótica de la interacción textual. JORGE LOZANO, CRISTINA PEÑA-MARÍN Y GONZALO ABRIL. Ed. Cátedra, 1999.

 

•    CURSO DE LINGUISTICA GENRAL.

FERDINAND DE SAUSSURE (1916), Ed.  Akal, 1995.    

 

·       EL MULTICULTURALISMO Y LA POLÍTICA DEL RECONOCIMIENTOCHARLES TAYLOR, Ed. FCE, 1993

 

·       MODERNIDAD E IDENTIDAD DEL YO.

ANTHONY GIDDENS. Ed Península, 1995

 

·       UNA MIRADA CUALITATIVA EN SOCIOLOGÍA.

       LUIS ENRIQUE ALONSO, Ed. Fundamentos, 1999.